* Se daran tecnicas del cuidado del medio ambiente.
* Se estimulará a los niños a cerar huertas en sus casas.


Los actuales modelos de desarrollo, promovidas esencialmente por intereses económicos y desligados con frecuencia de orientaciones éticas y culturales, crean un impacto negativo sobre el territorio y la ciudad, inciden en el deterioro de la vida rural, y favorecen la incomunicación, la aparición progresiva de islotes y áreas de marginación en el interior de las ciudades, y desequilibrios territoriales de diversa naturaleza.
Nos parece sumamente importante, en momentos críticos como los actuales, incidir en las ideas de sostenibilidad y calidad de vida, que aunan preocupaciones de diversa índole y nos sitúan ante opciones ecológicas pero también sociales, orientadas por el principio de equidad.
Asimismo, se hace necesario recuperar el sentido humanista de la integración de las prácticas y los saberes, en un nuevo paradigma holístico y comprehensivo, en apertura a la fusión y a la unidad de todos los elementos disociados, como modo de superación de las antinomias propias de la cultura occidental moderna.
En este proceso de cambio, el Arte y la Ciencia están llamadas a desempeñar una importante función, tanto en lo que respecta ala creación y transmisión social de modelos éticos y estéticos alternativos, como por que se refiere al compromiso de científicos y artistas en practicar una Ciencia y un Arte ligados al tiempo que les ha tocado vivir, sin tener que olvidar por ello el valor de sus orígenes.
Ciencia y Arte son dos construcciones humanas, contextuales, y sujetas a cambios históricos. Ambas operan como formas de conocimiento complementarias, que se necesitan para la interpretación del complejo entramado ambiental y los desafíos del desarrollo. Es preciso superar el clima de separación en que se desenvuelven y propiciar el encuentro fecundo entre ellas, para lograr un conocimiento ambiental integrado e integrador.
Científicos y artistas deberían aunar sus esfuerzos y mejorar su colaboración, tanto en la búsqueda de alternativas a la presente crisis ambiental como en el planteamiento de escenarios futuros de vida sostenible sobre el planeta. La deseable reconciliación Ciencia/Arte podría dar lugar a un conocimiento mestizo, enriquecido por la confluencia de ambos saberes.
Se han destacado algunas ideas-clave comunes a ambos campos, el científico y el artístico, que podrían funcionar como ejes para este necesario encuentro. Destacamos las siguientes:
a. los vínculos que ligan a toda producción científica o artística con el contexto, con el autor/investigador o el autor/creador, y con el estado de la cuestión.
b. los límites, puesto que tanto el científico como el artista trabajan condicionados por límites materiales y sociohistóricos.
La Ciencia, precisamente, nace como consciencia de los límites. El Arte, en cambio, toma los vínculos como un reto a la creatividad.
c. el tiempo. En tanto el tiempo de la naturaleza se nos muestra como un tiempo armónico, el tiempo de la técnica no parece conocer pausas. Frente al tiempo acelerado que amenaza con instaurarse en la vida cotidiana, el Arte puede propiciar miradas que actúen como frenos a la prisa, que enseñen a ver o a escuchar, creen espacios para el silencio, la atención, la concentración y la reflexión.
d. la sostenibilidad, como una tendencia reequilibradora de los graves desajustes que sufren la naturaleza y la sociedad en el marco del actual sistema de producción y consumo. Probablemente sea preciso comenzar por hacer el sistema menos insostenible, para ir avanzando hacia la sostenibilidad que, si es algo, es capacidad de imaginar y construir otro mundo mejor, tarea que compromete esencialmente a científicos y artistas con su entorno.
La Ciencia y la Técnica deberían estar al servicio de la calidad de vida de todos los habitantes del planeta. Es necesario romper el desequilibrio científico-técnico existente entre el llamado Primer Mundo y los países en vías de desarrollo, con el fin de mejorar las condiciones humanas y sociales en que se desenvuelve la mayor parte de la humanidad.
Las Artes pueden contribuir, asimismo, de forma decisiva, an este proceso de mejora de la calidad de vida global, promoviendo el desarrollo de una visión crítica del mundo, impulsando la creatividad, las relaciones personales y sociales, la tolerancia y la solidaridad. Es preciso devolver a las Artes el derecho y el compromiso de ser una fuerza transformadora.
La Ciencia y el Arte deben dialogar entre sí para producir espacios interdisciplinarios de creación de opinión y de decisión, de modo que se extienda un modelo de desarrollo verdaderamente sostenible, que mejore la calidad de vida de los grupos más desfavorecidos, reconduzca el mal uso de los recursos naturales y corrija la exclusión social. Para ello, se hace necesario avanzar en la realización de proyectos concretos que movilicen la cociencia ciudadana y muestren los aspectos positivos de un cambio de rumbo en la concepción global del progreso.
Es preciso trabajar en las orillas de la vida, en los lugares donde seproduce el encuentro entre distintas culturas, saberes complementarios, personas de una y orta condición, con el fin de favorecer un planeta mestizo en el que tengan cabida, de manera armónica, las diferentes concepciones y expresiones del mundo.
La calidad de vida depende, en buena mediad, del territorio y de las estrategias y técnicas de asentamiento, desplazamiento y comunicación asociadas. El espacio se está disolviendo físicamente. El tiempo técnico es un tiempo sumamente acelerado. Como artistas de la temporalidad, los músicos, los poetas, los pintores, pueden educarnos en el uso de otro tiempo y plantear ritmos alternativos que restauren las coordenadas espaciales.
La belleza y la estética pueden contribuir a la regeneración del espacio público. Sería, por ello, deseable que, en el diseño urbano y en el tratamiento de los espacios naturales, se incorporasen creaciones artísticas de calidad, así como también que muchas obras de arte saliesen de los museos y, en un proceso de pérdida del pedestal, fuesen incorporadas, aunque sea temporalmente, a los espacios públicos.
En el plano educativo, junto con los contenidos científicos es preciso revalorizar la capacidad del Arte para potenciar una mirada y una escucha más sensibles y conscientes, y para restaurar un concepto más pleno de la experiencia, lo que permite al ser humano adueñarse de su propio tiempo y del protagonismo de su vida.
Parece que una metodología oportuna podría ser aquella que, desde la Ciencia y el Arte, propusiese a las gentes, para la interpretación de los problemas, un amplio sistema de modelos y metáforas, que pudiesen actuar como puentes entre lo imaginario y lo real, contribuyendo así a la construcción social del saber.
La educación debe potenciar las múltiples posibilidades de percibir la verda y la belleza, que están sujetas a cambios y, en su negiciación personal y colectiva, rompen la polaridad sujeto-objeto.
La educación debe potenciar las múltiples posibilidades de percibir la verda y la belleza, que están sujetas a cambios y, en su negiciación personal y colectiva, rompen la polaridad sujeto-objeto. Es preciso enseñar a los jóvenes a estar en la naturaleza y a ser con ella, no sólo a comtemplarla. También se debería avanzar, sobre todo en el nivel universitario, desde los actuales procesos de conocimiento teórico, hacia fórmulas prácticas y comprometidas de inmersión de los estudiantes en el mundo real, de modo que parte de su proceso formativo lo realizasen allí donde se están dando los problemas ecolólogicos y sociales, afrontando in situ las cuestiones can-dentes del desarrollo contemporáneo.
Los procesos formativos necesitan incorporar una concepción integradora de la Ciencia, el Arte y el Desarrollo Sostenible. Hay que promover desde la educación una nueva mirada, fundamentada en la ética y la estética, que nos permita enriquecernos como personas, tener una visión global del mundo, y perfilar las nuevas necesidades económicas, sociales y culturales de todos los habitantes del planeta, lo que implica, entre otras cosas, un proceso de desmaterialización en el Primer Mundo.
La mirada del niño, del discapacitado, del inmigrante, del otro... pueden enriquecer la visión de la ciudad, de forma que ésta sea un lugar para el buen vivir. Los niños pueden ser considerados como excelentes indicadores ambientales. Ellos son actores de la vida en comunidad, que reclaman de la ciudad seguridad y belleza. Una sociedad que es buena para los niños es buena para todos. Una ciudad que permite que los niños jueguen en sus calles, vayan caminando al colegio, disfruten sin riesgo de los espacios comunes, será sin duda una ciudad sostenible.
Las posibilidades de un cambio en las direcciones señaladas pasan no sólo por apuntar soluciones concretas, sino también por seguir imaginando escenarios futuros en los que sea posible una visión unitaria del mundo y del conocimiento, así como mayores aproximaciones a la sostenibilidad ecológica y social.
Por: Orlando Cárcamo Berrío
(Artículo publicado en El Informador, el día 11 de febrero de 2008)
Me contó un amigo, que una vez viajaba en un bus intermunicipal y al pasar por las instalaciones de una base militar, una señora que venía degustando de su almuerzo, lanzó el empaque desechable al lado de la carretera. No alcanzaron a recorrer trescientos metros cuando un soldado mandó a parar el bus, subió y le recordó a los pasajeros la necesidad de cuidar al medio ambiente y mantener limpio nuestro país. De paso, no dejó que el bus arrancara hasta que recogieran el empaque desechable. La señora, apenada, se bajó, recogió su empaque, regresó y el bus continuó su marcha.
Hechos comunes en nuestras vías: desde buses y automóviles se lanza a los lados de las carreteras toda suerte de empaques sobre todo botellas, latas de cerveza y gaseosas. En una oportunidad viajaba yo con algunos colegas de muy alto nivel profesional y alguien se encargó de brindar cervezas. Después de unas diez cervezas, el chofer cuadró el carro al lado de la vía y pidió las botellas para botarlas. Le dije que no se debía arrojar basuras en la vía y no le dí mis dos botellas. Arrojó las otras ocho y me dijo que mejor me volviera reciclador. La intención del contaminador fue insultarme, pero yo prefiero reciclar y no contaminar. Cuando llegamos a un peaje, me bajé y arrojé las botellas en una caneca.
Causa estupor ir a nuestras playas y parques naturales y ver toda suerte de desechos: botellas de gaseosa, bolsas plásticas, pañales desechables, vasos plásticos, papel y todo lo que se bota. Y lo más triste de todo es que la mayoría de nuestros turistas y usuarios de nuestras playas y lugares públicos tienen por lo menos educación secundaria o profesional.
Si medimos el éxito de la educación por el sencillo acto de no tirar la basura en donde no se debe, concluimos que nuestro sistema educativo ha fracasado. O si medimos el grado de alfabetización de las personas por el sencillo acto de no tirar basura en las vias o sitios públicos, concluimos que vivimos en medio de analfabetas.
El daño ecológico que causan desechos como el plástico y el vidrio es incalculable. La ciencia plantea que el plástico demora de 400 a 500 años en degradarse y cuando esto sucede, las particulas de plástico son literalmente un veneno para los seres vivos. El vidrio demora más de 4.000 años en degradarse.
¿Qué hacer entonces? Conceptualicemos lo público como algo que también nos pertenece. Si mantenemos limpia nuestra casa, nuestro carro, también mantengamos limpias nuestras playas, parques, calles y carreteras. Cuando viajemos, sea en automovil o en bus, llevemos bolsas y echemos allí la basura. Si no tenemos una bolsa, dejemos la basura en el vehículo hasta que pasemos por algún lugar con caneca. Cuando vayamos a una playa o parque natural, llevemos una bolsa y acumulemos allí la basura nuestra y la de nuestros compañeros. Cuando regresemos, traigamos con nosotros esa bolsa y dejemosla en el lugar donde se deja la basura.
Mantener limpio nuestro ambiente es sinónimo de buena educación. Y para ser una persona educada no se necesita inevitablemente ir a la universidad o ser bachiller. Se necesita sentido común y amor por nuestro entorno.